Una dieta animica PDF Imprimir E-mail

Una Dieta Anímica

Cristián Cáceres R.

 

           

¿Cuántas y cuántos de ustedes han iniciado la maratónica tarea de prepararse para la temporada estival?  Este ritual nacional se nos aparece en la televisión, en los avisos de los diarios, en las paletas publicitarias, en las conversaciones con familiares, amigos y compañeros de trabajo. ¡Que deje de leer aquel capaz de aseverar, sin asomo de duda, que no se ha mirado la “guata”, el rollo o la piel fláccida, durante o después de la ducha pensando en el traje de baño!

 

El círculo

Así es, estamos todos en el mismo buque, con las ansias de tener el mejor cuerpo posible, de preferencia las curvas marcadas, como la esculpida figura de la última modelo o las calugas del galán, imágenes que nos recuerdan el gimnasio pagado a inicio de año y al que nunca asistimos, las dos marraquetas con mantequilla de la once, o los dedos chorreados con el jugo de la carne del asado del fin de semana, que marca el vaso de cerveza; sensaciones que nos llevan a aumentar esa ansiedad de estar cada día más lejos de la meta, malestar que la mayoría ha aprendido a disminuir comiendo cosas dulces o masas, alejándose de lo buscado y llevando la balanza hacia números mayores, reforzando un círculo de comer-culpa-angustia-comer.

Muchas veces estos círculos van mellando lentamente nuestro ánimo, contribuyendo junto con otras situaciones vitales (por ejemplo, problemas laborales, dificultades en los estudios, con los hijos o alguna enfermedad familiar), al inicio de un episodio depresivo.

 

            Nutrientes y organismo

Las decisiones de mejorar nuestro aspecto personal pueden hacernos sentir bien, aunque también podemos caer en el círculo vicioso descrito. Se ha ido recopilando información creciente que una determinada dieta alimenticia puede ayudarnos a reducir o aumentar las posibilidades de llegar a una depresión (entiéndase como dieta el tipo de alimentos consumidos a diario y no la restricción o reducción de los alimentos, que en ocasiones incluye ayunos, que atentan contra el cuidado de nuestro organismo).

Los hallazgos de la ciencia han ido lentamente confirmando el dicho popular de “eres lo que comes”. Los nutrientes o componentes presentes en los alimentos ingeridos de forma diaria van lentamente integrándose en cada uno de los procesos de nuestro organismo; para intentar una mejor comprensión de esto último, usaremos dos ejemplos, uno para los más  tuerca y otro para aquellos más cercanos a la naturaleza.

Empecemos con el ejemplo tuerca. Si se carga con una gasolina de distinto octanaje al recomendado el motor de su vehículo, al cabo de algunas semanas o meses nos encontraremos con una reducción en el rendimiento esperado o prometido por la marca, y por el contrario, el uso de la gasolina recomendada nos ayudará a estar en los rendimientos y performance esperados para nuestro vehículo. Los motivos de esto son que mientras más cercano a lo recomendado por el constructor, menos residuos, mayor rendimiento y mejores resultados, mientras más distante de las especificaciones, mayores residuos, menor rendimiento y peores resultados.

El ejemplo desde la naturaleza. Si en un lago comenzamos a “introducir” un tipo de pez no perteneciente a ese hábitat, al cabo de un tiempo encontraremos un cambio en las condiciones de éste, con reducción de algunas especies y aumento de otras, quebrando el equilibrio conocido hasta el momento, lo que probablemente llevará a reducir las posibilidades de sobrevivencia de todo los miembros de ese espacio de vida. Por el contrario, si nos preocupamos de conocer y preservar las especies endémicas o propias de ese lago, estamos contribuyendo a una interacción que aumenta la sobrevida del hábitat, el equilibrio y su permanencia en el tiempo.

 

Depresión

Como decíamos, la integración en nuestro organismo de los nutrientes y componentes de los alimentos que decidimos comer, van formando parte del delicado equilibrio de sus múltiples funciones y pueden asimismo terminar modificando para bien o para mal nuestro estado anímico. Así como el tipo de gasolina influye en el rendimiento de nuestro motor o la nueva especie introducida influye en el equilibrio y futuro de un hábitat, también se vuelven relevantes las decisiones del menú diario, para prevenir o no la ya conocida alta frecuencia de problemas anímicos en la población de nuestro país. Acorde con lo esperado para los niveles de desarrollo que hemos alcanzado y aunque suene a “mal de mucho, consuelo de tontos”, esta “epidemia” afecta a gran parte de la población mundial, tanto así que la Organización Mundial de la Salud ha definido a la Depresión como la principal causa de discapacidad para el año 2020. Su presencia también aumenta la posibilidad de generación de otras enfermedad en las personas afectadas.

 

Prevención

            Para sintetizar, así como sabemos que la prevención de los episodios depresivos está fuertemente influida por cambios en las maneras de mirar e interpretar lo que nos ocurre, aprender a resolver problemas o enfrentar dificultades de manera colaborativa, también existe un conjunto de estudios que han ido demostrando que el nutrirse de ciertos alimentos nos puede ayudar a reducir las probabilidades de sufrir una depresión y ayudarnos en una sensación de mejor ánimo. Afortunadamente para nosotros esos alimentos también contribuirán en reducir la aparición de otras enfermedades, tales como problemas cardíacos, metabólicos, diabetes e hipertensión, a la vez que pueden contribuir a mejorar nuestra apariencia física, punto inicial de nuestro artículo.

 

La Dieta Anímica

Los nutrientes que han sido reconocidos como potenciales adyuvantes en la mantención o mejoría del estado anímico son los siguientes:

1.      Omega 3: a partir de éste el cuerpo genera mejores condiciones en el cerebro para la comunicación entre neuronas; está presente en pescados como salmón, atún, jurel, merluza (pescada), nueces, brócoli, huevos, entre los principales.

2.      Triptófano: principal precursor de serotonina que es un neurotransmisor (molécula que participa en la comunicación entre las neuronas), relevante en el estado anímico; encontramos el triptófano en frutas como el plátano, la leche, legumbres, cereales, semillas o frutos secos. Puede consumirse como suplemento alimenticio.

3.      Vitamina D3: fundamental para la generación de calcio y fósforo de nuestro organismo, minerales que participan activamente en la generación del impulso nervioso (parte del modo de comunicación de las neuronas); posible de encontrar en la leche, atún, salmón y yogurt. La exposición al sol y los suplementos alimenticios también contribuyen a su obtención.

           

Desde ahora recuerden seguir los consejos de la abuela o la mamá, que hoy en día son avalados por datos de investigación científica, respecto de comer sano, lo cual incluye tener un orden en las comidas y comer con mayor frecuencia, incluir alimentos saludables y disminuir la llamada “comida basura” con exceso de carbihidratos (azúcares) y grasas saturadas, con lo cual no sólo contribuirán  a mantener o generar una buena figura para el traje de baño, sino disminuirán los riesgos de enfermedades cardivasculares y sobre todo, harán una contribución a mantener el buen ánimo. Una dieta anímica es posible.