Vínculo y Pareja PDF Imprimir E-mail

VINCULOS, RELACIONES Y PSICOTERAPIA,

UN MODO DE ACCEDER A LA REALIZACIÓN PERSONAL Y FAMILIAR

Cuantas veces las personas se han preguntado por qué fracasan en sus relaciones de pareja, ya sea, aquellos que tienen  diversas relaciones que  entablan una y otra vez a lo largo de sus vidas, tratando de encontrar la que sí funcione, hasta aquellos individuos que solo han tenido una que han querido mantener de manera estable, “para toda la vida” y que pese a muchos esfuerzos parece que finalmente no cumplirá las expectativas y el sueño de la felicidad en una relación romántica.

Estas personas que han tenido dificultades para obtener una experiencia feliz y tranquila en la vida amorosa, manifiestan en la  psicoterapia sensaciones de escasa valoración personal, porque el Otro, el  amado, “no los ama,” se aleja permanentemente, no es suficientemente cariñoso, no llena el vacío afectivo que esperaba ser colmado a través de la relación. Y peor aún, las respuestas escogidas o automáticas ante la conducta de este “ser amado” no hacen sino empeorar la situación.

Si se invita a la pareja a sumarse a la terapia,  no es sorprendente escuchar la visión de ésta hablando acerca de la misma sensación de frustración que está surgiendo del vínculo. Ambos expresan en la terapia la emoción de un ambiente cargado de críticas y hostilidad.

Cuando el terapeuta escucha esto puede distinguir diversas formas de reaccionar de ambos miembros de la pareja ante la angustia que sienten por no cumplir sus expectativas, algunos individuos ante los conflictos y la ansiedad que provoca el miedo por un posible término de la relación, tienden a acercarse cada vez más, exigiendo, cada vez más también, la presencia y los cariños del otro.

Puede ser en cambio que el otro miembro de esta pareja ante la angustia de que las cosas no estén dando el resultado esperado, se alejen, e incluso quieran literalmente “salir corriendo”, al menos mientras dure la inestabilidad y el acoso del otro.

En los casos más extremos, elevados montos de angustia ante el conflicto y la fantasía de abandono, uno o ambos miembros de la pareja reacciona de manera caótica agrediendo física y /o psicológicamente al ser “amado”.

De lo que hablamos especialmente en el último caso es de sensaciones fluctuantes de odio hacia el otro, porque no me quiere como yo deseo ser querido.

Esta descripción hecha de un fenómeno que pasa en el mundo de los vínculos de pareja , tiene un origen bastante estudiado en las teorías psicológicas y trata acerca de la formación de lazos afectivos, como se desarrollaron, y como se vivió eventualmente la pérdida de algunos de estos.

Esta formación parte en la primera infancia y se concentra básicamente en la relación madre hijo/a, aunque incorpora, más adelante, al padre y los hermanos. Por supuesto que el hecho de tener o no tener estas figuras de apego también ayuda a definir el estilo vincular.

Según la teoría del vínculo, el origen de nuestros conflictos a la hora de escoger pareja, sostenerla y saber reaccionar ante una posible perdida está intrínsecamente relacionada con las condiciones favorecedoras o desfavorables en la infancia.

Si el niño no aprendió, a través de sus figuras de apego más tempranas, a regular la ansiedad entre la cercanía y la lejanía del objeto de afecto (especialmente la madre), se comportará en la adultez con mucha rabia en sus relaciones de pareja, si no la encuentra suficientemente cercana o segura, pues es ahí donde se reedita este tipo de relación iniciada en la infancia.

El individuo frustrado, espera un “reembolso” del afecto,  o de la seguridad que no recibió  y puede presentar conductas regresivas, o volverse más bien evitativo y lejano con el fin de no sufrir otra desilusión amorosa.

Así, según estas teorías, si un niño crece sin  una figura contenedora y afectuosa, es probable que pase la vida buscando amor y afecto, con muchas posibilidades de que esta satisfacción no se obtenga por lo desmedida que se vuelve la necesidad, (ejemplo de esto es aquel miembro de la pareja que se transforma en hijo/a de su pareja)

Así mismo, se ha podido observar que el establecimiento de un vínculo seguro y estable en los primeros años de vida promueve el desarrollo de una confianza básica que permite poseer una autoestima saludable, con mayor tolerancia a la frustración, mejor manejo de los impulsos y una mayor capacidad de empatía.

Esta seguridad en el sí mismo, y en la idea de que somos o hemos sido sostenidos de manera eficiente en nuestro desarrollo, nos permite vincularnos con otro de similares características, formando relaciones muy nutritivas en términos emocionales y que logran potenciar el avance de cada uno de los miembros de la pareja y de sus descendientes.

No es que se hable de una relación sin problemas porque tal cosa no existe, sino una relación donde se puedan manejar los inconvenientes sin que la angustia y las emociones inunden la situación y el vínculo se ponga permanentemente en riesgo.

Quizás plantear que existieron conflictos en el apego y la manera que aprendimos a vincularnos de niños da la sensación de ser una situación irreparable. Sin embargo la historia y el aprendizaje vincular  se  pueden ir resolviendo  de otra manera, haciendo un re- aprendizaje a partir de una ayuda por especialista como es el terapeuta formado en este tema, y en la psicoterapia de pareja y familia.

La psicoterapia a través de diferentes estrategias ayuda al paciente a observar, poniendo luz en las zonas oscuras, sus carencias vinculares, atiende primeramente a la historia, y da explicación a los conflictos actuales de acuerdo a ésta.

El terapeuta  asiste al individuo o individuos, con el fin de facilitar la reflexión  y la promoción de comportamientos más adaptativos de acuerdo a las vivencias actuales en sus relaciones, evitando, así, conductas y reacciones poco favorecedoras en sus lazos familiares, amorosos etc.

Pero sobre todo permite experienciar, a él  o los pacientes, a través del uso de su persona,  lo que significa un vínculo seguro y confiable, reparador y saludable.